Oscar Pintor

Diálogo con Oscar Pintor

Del 7 al 31 de agosto, como parte de los Encuentros abiertos- Festival de la Luz 2008, se presenta en la sala C del Centro Cultural Recoleta, una exposición antológica de Oscar Pintor curada por Alejandro Montes de Oca y Ataulfo Perez Aznar

La obra de Pintor es, en el panorama de la fotografía argentina contemporánea, una de las de mayor purismo tanto técnica como conceptualmente, directa y sin artificios y, al mismo tiempo, arraigada como pocas en los valores culturales de la Nación. En un diálogo con Pérez Aznar, habla con franqueza y sencillez.

Entrevistado por Ataulfo Pérez Aznar
Edición: Silvia Mangialardi y Becquer Casaballe

¿Cómo fue tu niñez?

Nací en un pueblo a 20 km de San Juan, en el centro de la provincia, que se llama Angaco, el 13 de noviembre de 1941. En esa zona de San Juan, la mayoría trabajaba sus tierras y las viñas, eso es lo que yo mamé. El trabajo de la tierra era muy duro y muy ingrato: venía una granizada y se llevaba toda la producción del año…te querías morir… y bueno, mi padre se salió de ese esquema y prefirió ser peluquero y me enseñó a mí también. Siempre lo ayudaba.

¿Fuiste a estudiar a la capital?

A los 12 años empecé viajando esos 20 km -que en esa época era un viaje- con mi tío. Un año después mi viejo, para que yo pudiera estudiar mejor, abrió su peluquería en la capital, y nos mudamos al centro de San Juan.

Cuando terminé el secundario entré en Arquitectura, porque era lo más afín al Diseño Gráfico, algo que me fascinaba. Como todos empecé dibujando historietas y ese tipo de cosas, y después me acerqué un poco más a la Publicidad y al Diseño Gráfico, que era muy incipiente allá.

¿Cómo empezó tu relación con la fotografía?

En la Facultad había un gabinete de fotografía. Al profesor de Plástica, Carrieri, le gustaba la fotografía, entonces la puso como una parte importante de su cátedra. No era muy organizado, veíamos técnica pero nada de autores.

A principios de los `60 mi padre me regaló mi primera cámara de 35 mm, una Miranda réflex… y así empecé y me hice el laboratorio en mi casa, en San Juan.

¿Y cómo llegaste a Buenos Aires?

Me vine con dos carpetas: una de trabajos de diseño y una de unas 20 fotos, ampliadas por mí, un horror. Los temas eran un poco de todo: paisaje, gente, ruinas… cosas que hice después obviamente.

Pero antes de venir a la Capital, mientras estudiaba, postergué el servicio militar. Y cuando lo estaba terminando, empecé a trabajar con el canal de televisión que recién empezaba en San Juan. Hacía todas las placas de los programas, en un estudio y filmaba eventos sociales para pasar por el noticiero.

Pero yo tenía en mente Buenos Aires. Tenía un amigo que estaba trabajando en una agencia, entonces… tomé la decisión, terminé el servicio militar, me armé las carpetas y me vine. Armé un laboratorio en la cocina y, al poco tiempo, pude comprarme un departamento chiquitito en Salguero y Charcas, cosa insólita, pero en esa época se podía; había mucho laburo, se ganaba bien.

A la semana empecé a trabajar en Nexo, una agencia de publicidad que ya no existe. Hacía de todo, incluso me pedían fotos para bocetos, sencillas, sin ninguna pretensión artística, funcional al diseño y la publicidad. Las revelaba en mi laboratorio

¿Cuándo te acercaste al Fotoclub Buenos Aires?

Dos o tres años después, porque quería hacer no sólo fotos publicitarias, sino fotos de autor. No tenía ninguna referencia, salvo el fotoclub.

¿De qué imágenes te habías nutrido?

En esa época Raota era uno de los conocidos, cada tanto veía una muestra, en el Foto club. En la agencia tenían revistas internacionales y los anuarios que venían de Europa, pero eran fotos publicitarias…

Pero ya en los 70 estaba muy desorientado. No sabía por dónde seguir con la fotografía, sólo en el Foto club se hablaba de fotografía artística o de autor… Pero los parámetros y la estética de la época no me convencían. Hice la experiencia de presentarme en un concurso con una foto que me gustaba mucho, otra que estaba en la mitad entre lo que me gustaba y la estética del Foto club y otra que era estética del Foto club. Solo entró la última, las demás ni figuraron. Entonces me dije “esto no es para mí”. Directamente pasé a ver qué pasaba por otro lado.

En ese momento, estaban Sara Facio, Alicia D´Amico, Comesaña…

Sí, pero yo no los conocía, no conocía a nadie más que a algunos publicitarios. Pero ninguno que se interesara realmente por otra cosa. Entonces lo que hice fue parar la mano

Por el ´73 hice un trabajo de fotografía publicitaria con Humberto Rivas. Ahí empecé a conocer su obra, en el Di Tella, y me impactó lo que estaban haciendo en fotografía. Ya trabajaba en 6x6, medio angular; las fotos del Di Tella eran retratos, contrastadas y con grano grueso, la estética de los ingleses.

En el `77 o 78 conocí a un grupo, entre ellos Martín Siccardi, y me propuse empezar a hacer fotos en serio. Mis copias no me convencían y empecé a ocuparme de conseguir una buena técnica. Empecé a ver cómo revelar, copiar, y retocar bien las copias. Encontré en una librería unos números viejos de la revista suiza Camera y ahí empecé a buscar

En esa época viajé a Europa y estuve en Suiza en la casa de un primo mío fotógrafo que había estudiado en Suiza y trabajaba en una agencia de publicidad muy importante. El me vendió el equipo Hasselblad. Hace mucho tiempo, traje sus fotos y las publicaron en Fotomundo. Un fotógrafo de puta madre pero tipo rarísimo… creo que le perdieron el rastro en Brasil.

¿Cómo fue la experiencia de tu primer viaje a Europa?

Fascinante. Me quedé un mes porque en esa época se podía viajar. El viaje me salía un mes o dos de sueldo ¡cuanta plata dulce hemos tenido…! Yo lo disfruté.

También estuve en Inglaterra, ví todo lo que podía, porque iba muy ávido de cosas, ví otra fotografía que la que yo podía ver acá. y eso me movió. Y me di cuenta que el Foto club era la internacional fotográfica, todo el mundo hacia lo mismo, con la misma estética.

¿Volviste de Europa con la idea de exponer?

Volví con el bolso lleno de imágenes y decidí armar una exposición en la galería Lirolay, donde expuse en el ’79. Ahí conocí a Juan Travnik, que era socio de Jorge Revsin en un estudio en la calle Corrientes.

¿Por qué en Lirolay?

Porque no tenía suficiente confianza en que me invitara una galería, nadie me conocía y como esa había que alquilarla, me pareció lo más accesible. Fue muy positivo, una buena inversión, me compré los marcos, todo. Un gran amigo con imprenta, Jorge Bongioani, me hizo el afiche.

Expuse material que había hecho en el viaje a Europa y cosas que ya estaba trabajando acá bastante intensamente, eran las primeras fotos que consideré que eran mostrables. Había mucho de 35mm y algunas de 6x6.

Después empecé a hacer fotos de San Juan, mis primeras cosas en exteriores. En ese momento empezó a interesarme una serie de fotos que hice de vidrieras con maniquíes

En el `88 me dijiste que considerabas que no había una estética propia de la fotografía, ¿mantenés esa postura?

Creo que se avanzó en considerar a la fotografía como una de las artes visuales, hace un tiempo en Argentina a la fotografía no la dejaban entrar y hace 30 años en muchos otros países tampoco…

Pienso que la fotografía tiene una cualidad intrínseca que es congelar un momento, que no tiene el cine, siendo que el cine nace de la fotografía, pero no sé si llamarlo estética propia.

Para mí la esencia de la fotografía es una instantánea que congela el movimiento, ponele Cartier-Bresson como momento decisivo y que se pueda reproducir. A pesar de que yo no hago ese tipo de fotografía, pienso que es allí donde realmente se justifica la fotografía. A partir de ahí, se empieza a abrir el juego y empezás a tener fotos más trabajadas, estáticas, pensadas, el retrato posado, que es por lo que yo me incliné dentro de la fotografía directa. Se me ocurre que esas son dos estéticas. Y después evoluciona mucho y ya se escapa la cosa, porque se mezcla con la pintura, hay zonas de contacto.

Una vez me dijiste que eras un pescador de imágenes fijas…

Sí, en el sentido que mientras estaba produciendo, iba buscando, tirando el anzuelo… mirando continuamente hasta que encontraba algo que me verdaderamente me interesara

¿Cuándo lo encontrabas, lo sacabas en el momento o volvías cuando la luz cambiaba?

Dependía. Pero si encontrás la imagen, en general es porque tiene la luz indicada, y por eso te llama la atención.

Algunas veces me ha pasado lamentar que el sol no estuviera en otra posición porque el tema era interesante y, no obstante eso, la he sacado. Porque era un viaje en el que no podía volver, era eso y punto.

La imagen es eso, ir mirando y encontrando

Considerabas que tenías algunas fotos huérfanas ¿qué te lleva a ese concepto?

Siempre pensé, sobre todo cuando estuve como asesor en la fotogalería de Recoleta (que tenía que armar las muestras y veía muchas carpetas de mucha gente), que me interesaba ver la obra no a través de una o dos fotos, sino a través de una serie, de un trabajo donde se apreciara realmente que había una mirada.

Tu método de trabajo consistía en desarrollar series y ensayos.

Exactamente. Si bien no me ceñía a un tema específico, iba juntando imágenes y finalmente se producía una serie coherente, con una idea, un tema.

¿Sin un proyecto previo?

No hay un proyecto previo, pero siempre hay un disparador. Nunca se me ocurrió decir voy a hacer una serie de árboles o plantas. De golpe algo me llamaba la atención, en dos o tres fotos y me encontraba con que estaba haciendo algo dentro de un tema. Si me interesaba y podía, lo seguía desarrollando, pero no es que a priori empezara con un tema específico.

Por ejemplo, las fotos de las paredes pintadas, una serie que yo llamo “Trompe-L´oeil” y que en francees quiere decir “engaño al ojo”, empezó sin idea previa, de golpe empecé a ver fotos con esa ambigüedad entre el fondo y la figura, y ahí sí, empecé a buscar dentro de eso

¿Cómo es tu forma de trabajo?

Siempre tendí hacia la foto estática, pensada, donde tuviera tiempo. Si bien el flechazo para decir “ésta es una foto” es instantáneo, siempre me importó tomarme un tiempo para producirla, medir la luz, meditar el encuadre, estudiar si tenía alternativas. De golpe encontraba algo que me entusiasmaba mucho y podía llegar a hacer un rollo detrás de ese tema, hasta agotarlo. Aunque en general no busco demasiado la cosa, confío en la primera mirada. Después me encuentro en el contacto con que la intuición no me engañó, que por algo hice esa foto

¿Y en cuanto a la gente?

Me cuesta mucho el contacto con la gente que no conozco. En el primer contacto se me crea una especie de barrera, no tanto para comunicarme, sino para fotografiarla. No se si la palabra justa es que soy tímido

Fotografío gente con la que tengo mucha confianza, que han aceptado de muy buena gana posar. Siempre me costó muchísimo robarle fotos a la gente, he sentido un pudor terrible de ir por la calle y sacar la foto sin que se den cuenta. En una época en que estaba con mucho entusiasmo traté de superarlo. Pero finalmente las fotos que me han gustado, que valieron la pena, han sido las fotos donde no he tenido que pasar la barrera del permiso, que he tenido fácil acceso y no he sentido que estaba robando una imagen.

En los retratos ¿planteabas la pose inicial?

Sí…siempre ha habido un momento donde he vislumbrado que tenía que hacer un retrato…, era un rayo de luz o una persona que me parecía un personaje interesante. Me he dado cuenta que he usado un poco a la persona como objeto para fotografiar.

No sé si mis retratos son buenos o si tienen ese “reflejo del alma” que tanto he leído de los retratistas. Con la gente he tratado de hacer una buena foto

Con los mismos criterios con que te manejás para las otras fotos, la luz, el encuadre, la pose. Lo gestual más que lo espiritual.

Exactamente, no he profundizado tanto lo espiritual en el retrato, aunque respeto mucho a los fotógrafos que han conseguido “rescatar el alma” de sus retratados. Pero es totalmente subjetivo, me he emocionado con gente, pero porque significa mucho para mí

Te preocupaste más por lo formal

La verdad que sí. Quizá he sacado más objetos que personas. De todas maneras, tengo algunos retratos que me parecen válidos

¿Por qué los paisajes forman parte de otra serie?

Yo no sé si tengo que definir las series tan drásticamente. Las he separado y agrupado, pero más como una forma de archivo.

Un fotógrafo no está obligado a definir en palabras sus fotos, pero un reportaje busca que trate de definir cosas que quizá nunca antes se había preguntado.

Mirá, yo soy un tipo visceral, la cosa me sale de las tripas, me resulta difícil explicarla o teorizarla.

He hecho simultáneamente distintos temas, el mismo día, o en la misma circunstancia. Después si los tengo que agrupar, lo hago. Tengo fotos de San Juan donde he hecho paisajes, porque es al aire libre, así que es muy elemental para mí. El paisaje para mí es imaginarme la libertad, la cosa abierta, el espacio exterior. El paisaje urbano es otra cosa, no existe eso tan abierto

No te puedo explicar mucho más, simplemente como en todas las demás fotos, me movió la imagen, la encuadré y punto. En los interiores pasa exactamente lo mismo, me movilizaron lugares donde no hay gente pero está la presencia por ausencia.

Otro tema que me fascina en los interiores son las texturas; de ahí viene también la derivación a la serie de las paredes pintadas y esas cosas.

Vos sos uno de los fotógrafos que más profundizó el interior del país, en particular San Juan, pero a su vez se preocupó por imágenes de Buenos Aires.

Si bien Buenos Aires me resultaba lo más a mano para fotografiar, no me inspiró tanto como el interior, especialmente San Juan, donde tengo una vivencia personal muy profunda. Pero tengo fotos de todos lados.

Los paisajes urbanos en Buenos Aires son nocturnos, porque el día no me inspiraba. A la noche encontraba más cosas, situaciones, escenarios y si bien es realmente más difícil técnicamente fotografiar la noche (la larga exposición, el revelado, todo un tema), le encontré la vuelta enseguida.

Escenarios donde en otro momento del día se desarrollan actividades, de noche está vacío

Y la noche me dejaba trabajar cómodo porque no había gente.

¿Qué te llevó a dejar de sacar nocturnos?

Creo que llegó un punto en que se me agotó el entusiasmo. Y aunque el tema es infinito, tal como me ha pasado con el resto de la fotografía, empecé a ver que me repetía. Para mí el punto del crac fue la sensación de que las fotos que hacía, ya las había hecho

Por eso en los `90 deje la fotografía

Con el tiempo, en esta revisión que estamos haciendo de mi trabajo, donde he estado repensando todas las imágenes, han desaparecido muchas y han aparecido nuevas.Incluso fotos en las que creí que me repetía hoy me parece que son válidas las dos. Pero en ese momento… quizás había otros motivos por debajo y necesitaba un pretexto porque no tenía más entusiasmo

Tuve una época de mucha producción, de mucho entusiasmo, que de alguna manera se apagó, y empecé a ver las mismas fotos. Yo siempre anduve detrás de la estética, de encontrar la foto que fuera distinta.

En esta charla estás dejando de lado el planteo teórico que acompañó el proceso que viviste.

Mirá, simplemente busqué lo que creo y siempre dije: la función del artista es estar a la vanguardia, buscar siempre lo distinto, lo original; no simplemente formalmente, sino teórica y conceptualmente

Traté de ser lo más fiel y coherente con mis sentimientos. Veía una imagen y, si para mí era importante, la hacía.

Sobre el autor

Fotógrafo, diseñador gráfico y creativo publicitario nacido en San Juan (1941). Creador y director, hasta 1987, del "FotoEspacio", en el Centro Cultural Recoleta. Expuso en el país, Francia, Brasil, EE.UU., España, Holanda y Bélgica. Ha publicado portfolios y fotografías en diversos medios especializados del país y del exterior.

Publicaciones: "Fotografía Argentina Actual", Antología, 1981, "Foto Poemas", 1982; “Fotógrafos Argentinos del Siglo XX”, Fascículo Nº 104; 1985 “Enciclopedia Internationale des Photographes”, Suiza; “Fotografía Argentina I”, Secretaría de Cultura de la Nación Argentina; “Oscar Pintor, fotografías”, Editorial La Azotea, "Canto a la Realidad: Fotografía Latinoamericana". Edición de Lunwerg; "Arte Fotográfico Argentino", Colección del Museo de Arte Moderno de Bs. Aires; "Luz Austral. Fotografía argentina a fin de siglo". España, 1999; "Más allá del documento", Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. España, 2001.

También ha publicado portfolios en Revista Foco, Fotografía Contemporánea (Colombia), Fotomundo; Katalog (Bélgica), La Maga, Página 30 y Revista Radar.

Poseen obras suyas: Museo de Bellas Artes de San Juan, Museo de Bellas Artes de Buenos Aires, Museo de Arte Moderno de Bs. Aires, Museo Provincial de Huelva (España), Biblioteca Nacional de París, Museo de Fotografía de Odense (Bélgica), Fundación Antorchas (Buenos Aires), Museo de Bellas Artes de Houston, Texas, Galerías y coleccionistas privados de Argentina, Brasil, EE.UU. y España.