Oscar Pintor

Yo estuve ahí.

por Oscar Pintor
Diciembre de 2008

En 1983 volvía la democracia con un vendaval de aire fresco sobre el clima ominoso y denso de la dictadura.

Si bien para mí la fotografía hasta entonces solo era una herramienta para mi vocación, el diseño gráfico, a fines de los ’70 se transformó en mi pasión. En 1982 ya estaba buscando y produciendo intensamente mi obra. Fue entonces cuando conocí a Osvaldo Giesso.

En 1981 presenté mi primera exposición en Lirolay. Al poco tiempo apareció un personaje muy especial: Sergio Molina, poeta y repostero, quien se mostró admirador de mis fotos y me propuso hacer una muestra que reuniera sus poemas con mis imágenes.

En ese momento me pareció un proyecto interesante; yo doblé la apuesta ampliándola a la edición de una carpeta. La muestra y la carpeta se llamarían “FotoPoemas”. Sergio tenía el contacto con Osvaldo para presentar ambas en su estudio y galería de la calle Cochabamba. Fuimos juntos a verlo; yo con mis fotos y Sergio con sus poemas. Inmediatamente nos dio el OK al proyecto y a mí me invitó para hacerle algunas tomas en su lugar de trabajo/estudio/galería.

A Molina le perdí el rastro a poco de finalizar la muestra. Con Osvaldo, en cambio comenzó una de las etapas más fructíferas y gratificante de mi vida. Al poco tiempo se hizo cargo de la dirección del Centro Recoleta y me ofreció formar parte de su equipo de asesores para hacerme cargo de la sección fotografía. Allí también convocó en otras disciplinas a Gandini, Buschelato, Glusberg, entre otros.

La impronta que le imprimió Osvaldo a su gestión se notó al poco tiempo de asumir.

Su espíritu de innovación y apertura transformó ese espacio dándole lugar a todas las expresiones artísticas, aún a aquellas que no tenían todavía el status de “bellas artes”, como la historieta y la fotografía.

Aún antes de proponérselo yo, él ya había pensado en crear una galería de exposiciones exclusiva para fotografía. Juntos definimos que sería un lugar para darle espacio a fotógrafos jóvenes y talentosos que no contaran con los medios necesarios para costearse una primera muestra digna que le asegurara prensa, catálogo y enmarcado sin costo.

Este lugar se llamó “FotoEspacio”. Allí no solo se expuso fotografía, también se hicieron clínicas, charlas, cursos y se recibían continuamente nuevos fotógrafos con sus carpetas y portfolios para revisar y mostrar.

Mi colaboración con Osvaldo continuó por dos años durante los cuales se realizaron 22 muestras con total libertad y autonomía. Motivos personales motivaron mi desvinculación no sin antes proponer a Eduardo Gil para que continuara la tarea sin traicionar los objetivos originales.

Acabamos de festejar 25 años de democracia en los cuales la cultura en nuestro país sufrió sucesivos altibajos según cambiaban gobiernos y políticas. Sin embargo no puedo evitar sentir, con cierto orgullo, que participé aún en una pequeñísima parte de un proyecto en el cual pudimos sentir que empezaba algo importante en nuestra vida.

Y yo estaba ahí.